Matthei y los gobernadores
Corría el año 98. Irene Sáez, candidata a la presidencia de Venezuela, aferraba sus remotas posibilidades de triunfo a la elección de diputados y gobernadores, por realizarse el 8 de noviembre, a un mes de la presidencial. "Ese día triunfará la democracia", declaraba Irene ante los medios de comunicación. Lo decía adentro del país, ante el programa "Primer Plano" de Marcel Granier, y lo dijo internacionalmente, cuando fue entrevistado por Jaime Bayly.
La estrategia podía tener sentido: a pesar de que Hugo Chávez Frías y Henrique Salas-Römer dominaban las preferencias electorales, ninguno tenía una verdadera "maquinaria" política, capaz de llevarse la gran parte de las gobernaciones y representación parlamentaria. Era allí donde los partidos tradicionales (Acción Democrática y el Partido Socialcristiano COPEI) podían ganar terreno, y de alguna forma socavar la candidatura de Henrique Salas-Römer, para impulsar tanto a Irene Sáez como a Luis Alfaro Ucero, candidatos de los partidos tradicionales.
El 8 de noviembre llegó, y el resto es historia. Solamente les adelanto: Henrique Salas Römer, quien era el "rival a batir" por parte de los partidos tradicionales, no solamente llegó al final de la elección presidencial, sino que recibió el desesperado apoyo de Acción Democrática y COPEI, lo cual--juzgando por los números--fue en completo vano. También fue en vano la declaración conjunta de apoyo de una mayoría de gobernadores y alcaldes a Henrique Salas-Römer, dada días antes de la elección. Esto nos plantea la siguiente reflexión: ¿hasta qué punto es extrapolable una elección de gobiernos regionales a una elección presidencial?
Evelyn Matthei, hoy principal carta presidencial de la centroderecha chilena, fue protagonista durante la campaña electoral chilena, pero con mayor énfasis en la segunda vuelta de la elección de gobernadores, realizada el 24 de noviembre. Los candidatos de la UDI, RN e incluso del Partido Republicano (de Kast) eran publicitados como "los gobernadores de Matthei", con un posible objetivo mutuo: beneficiar, inicialmente, a los candidatos, asociándolos con la hoy candidata presidencial más popular (según todas las encuestas), y por otro lado, beneficiar a Matthei, dado el caso de una importante victoria. Esa victoria no solamente no llegó, sino que se convirtió en una dura derrota.
Las principales apuestas de Matthei fueron Francisco Orrego (Región Metropolitana) y María José Hoffmann (Región de Valparaíso). Francisco Orrego era un candidato peculiar: joven, de personalidad "más popular", y no provenía de las clásicas comunas de la derecha: Las Condes, Vitacura...; por otro lado, María José Hoffmann era una carta mucho menos disruptiva, con una carrera de larga data en diversos cargos públicos, y que llegó a la máxima directiva de la UDI.
El análisis del resultado electoral amerita otro blog, pero fue una fatídica noche para la derecha: Francisco Orrego fue derrotado por diez puntos porcentuales por Claudio Orrego, apoyado por el oficialismo. Un dato simbólico y no menor: en la comuna de Providencia, donde Evelyn Matthei lleva gobernando desde el 2016, resultó perdedor Francisco Orrego; y por si fuera poco, durante una breve intervención frente a los medios, Matthei consideró que "el simple hecho de que los medios hayan considerado posible la victoria de Francisco Orrego, era darle mucho crédito", ¿será que nunca confió en su candidato?
Una peor suerte corrió María José Hoffmann, pues fue derrotada por más de 20 puntos por Rodrigo Mundaca, a pesar de haber enfrentado un escenario más favorecedor. Hoffmann se limitó a agradecer a sus votantes en un corto video subido a sus RRSS, mientras que Rodrigo Mundaca, su rival, aseveró que no solamente había sido derrotada María José Hoffmann, sino también la UDI y Evelyn Matthei.
Y aquí es donde llego a una reflexión final: así como la ciudadanía no concibió esta elección como un "plebiscito" sobre la presidencia de Gabriel Boric, tampoco tiene que tener mayor efecto sobre la carrera presidencial. Me fundamento, en parte, en los márgenes de los resultados electorales, que pueden responder más a un rechazo a ciertas figuras (como "Pepa" Hoffmann, en Valparaíso) que a una adhesión o rechazo a alguna figura política "superior". De ahí mi insistencia en que todo dirigente político debería ser capaz de contruir una identidad propia, sin depender del "apadrinamiento" o la "foto" con un político popular.
¿Consideras que el resultado de esta elección tendrá un impacto significativo en la carrera presidencial chilena? Leo tus comentarios. Hasta luego.