Era uno de los escépticos. En ningún caso pensé que--seriamente--se daría una movilización de tal envergadura. Los venezolanos hemos sido maltratados, no solamente por un régimen tiránico durante veinte años, sino también por una oposición tristemente servil a los intereses de este. Ejemplos sobran, pero los más renombrados son la entrega de la Presidencia de la República por parte de Henrique Capriles en el 2013; el desastroso manejo de la Asamblea Nacional durante el periodo 2016-2021; el vergonzoso "enfriameniento" de la calle en el 2017 por unas miserables gobernaciones; el fracaso del interinato de Juan Guaidó, etc...
Todos estos hechos contribuyeron a que la población venezolana, a pesar de adversar mayoritariamente al chavismo, sintiese cada vez mayor apatía por la "oposición" representada por el G4 (Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo, Primero Justicia, Voluntad Popular). Con una habilidad impresionante, María Corina Machado--quien siempre apoyó la mayoría de las iniciativas del G4--logró desligarse de este ante la percepción popular. Tanto así que ayer, 22 de octubre, fue percibida como la "gran outsider" de la oposición y la encarnación de la renovación de esta.
Aún así, sería injusto negar dos características esenciales que desligan a María Corina Machado Parisca del G4: en primer lugar, la ideología, mucho menos estatista y con mayores matices liberales a comparación de los ideales socialdemócratas que abundan (si es que aún se habla de ideologías) en Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo y Voluntad Popular. No es casualidad que haya sido paragonada con Javier Milei, el mayor representante del liberalismo "utópico" en Latinoamérica ahora mismo. En segundo lugar, la distingue su abierta forma de confrontar al régimen, de mucha mayor dureza que cualquier otro lider opositor. Es acá, no obstante, donde se crea una gran cuestionante: ¿cómo pasamos de la María Corina "radical" que no creía ni en el diálogo, a la María Corina candidata?
Esto me obliga a traer a colación una entrevista que, hace unos tres años, le realizó Jaime Bayly a Leocenis García. Independientemente de las opiniones que puedan vertirse sobre Leocenis, vale la pena resaltar la insistencia de García en "crear un momento que pusiese al régimen contra las pared", entendiendo por "momento" a la coyuntura que pudiese crearse en un proceso electoral. Escuchar eso en el 2020 era, a lo mejor, risible, pues aún se conservaba una mínima esperanza de cambio con Juan Guaidó (entre los más optimistas); no obstante, todo apunta a que María Corina, ante una sociedad apática y ante la evidente realidad de un país en estado de inercia, tiene como norte llegar a ese "momento".
Ese momento no serían unas elecciones presidenciales al estilo 2013 o 2018, con los serios cuestionamientos dirigidos al CNE, sino--probablemente--una elección extraordinaria (al estilo Nicaragua 1990), donde se cuente con la plena observación y aval de la comunidad internacional, y en el caso de una eventual victoria electoral, negociar una salida del régimen. Ahora, para llegar a ese momento, es evidente que se requieren superar grandes obstáculos, como una inhabilitación política. Es aquí donde empezaremos a ver lo verdaderamente interesante: ¿logrará María Corina capitalizar políticamente este parcial despertar del país? Está por verse. Pero sin hacernos prisa respecto al futuro, considero que hay una razón para celebrar: finalmente han sido enterrados políticamente gran parte de los representantes del G4. Venezuela amanece con una nueva lideresa de oposición ligitimada por casi dos millones de venezolanos.
Participación parcial: 1 591 504 votantes (proyección a 2 500 000 electores).
- María Corina Machado: 1 473 105 votos, 92,6%
- Carlos Prosperi: 70 819 votos, 4,4%
- Delsa Solórzano: 10 540 votos, 0,7%
- Otros: 37 040 votos 2,3%