Auge y caída de Sebastián Sichel
Sebastián Sichel, en su momento indiscutible representante de la centroderecha en estas elecciones, ha obtenido una paupérrima votación del 12,80% (alrededor de 900 000 votos) y un cuarto lugar, superado por la mínima por Franco Parisi (candidato del PDG). El escenario electoral que tenemos en Chile hoy en día era impensable hacía unas meses, y para esta ocasión, trataremos de comprender el naufragio de Sebastián Sichel como candidato presidencial, desde su exitosa elección como candidato.
Una tensa primaria
Tal como un "recién llegado", llega Sebastían Sichel a la coalición. Gozaba ya de cierta desconfianza, debido a su pasado cercano al sector izquierdista (pues respaldó ampliamente a Bachelet y fue miembro de la DC); sin embargo, se presentaba como un hombre cambiado, maduro y con una historia de superación personal. Su cercanía a la coalición se dio cuando trabajó para el gobierno de Sebastián Piñera, y finalmente fue invitado a participar en la primaria presidencial, lo que generó roces entre varios dirigentes reconocidos, principalmente de la UDI. La campaña--que como recordarán--parecía en su momento un paseo para Joaquín Lavín (abanderado de la UDI) se volvió sorprendentemente competitiva, y finalmente Sichel sería la gran sorpresa y se alzaría con el 49% de los votos.
El ego: el principal enemigo de Sichel
Dicen que debemos "ponerlos en los zapatos del otro" para comprender las acciones de los demás; si bien esta frase aplica principalmente para aquellos desfavorecidos, en este caso es la excepción: para comprender el proceder de Sichel, debemos por un momento imaginarnos el furor que le ocasionó la victoria. El resultado no fue poca cosa. Logró movilizar, entre centristas e independientes a más de 600 000 votantes, lo que revivió a ChileVamos (la coalición), y superó por más de 15 puntos a Joaquín Lavín (indudable candidato semanas atrás), quien apenas sobrepasó el 30%. Sebastián Sichel tenía muchas razones para estar eufórico. Solo, en cuestión de semanas, logró superar a los principales partidos tradicionales (y a un Lavín ampliamente conocido) y ganarse el respaldo de una alianza con la que apenas convivía.
Su comportamiento desde el inicio fue de desdeño. Una evidencia (tal vez absurda, pero destacable) de esto es que en ningún momento hubo un cambio de marca. Mantuvo sus colores de campaña (amarillo) y no adoptó nada de la coalición, por el contrario, adoptó a la coalición a su estilo. Suena tonto e irrelevante, pero siempre se espera que, como muestra de acercamiento, haya un cambio de estilo desde el punto de vista del marketing. Sichel no sentía la necesidad de tener el apoyo de ChileVamos. Se consideraba el candidato independiente, con el respaldo de una coalición (tal como si fuera un partido secundario). La falta de química y acercamiento entre la coalición y el candidato pronto le pasaría facturas.
Sichel subestimó a la derecha
Era normal, meses atrás, no tenerle fe a la derecha. Había fracasado en el Plebiscito del 2020, cuando Chile dejó atrás la división "Si/No" (44%-56%) del 1988 y abrió pasó a una nueva constitución con más del 78% de apoyo, lo que relegaba a la derecha a tan solo un marginal 22% (esto da para otro blog). A esto se le sumarían los paupérrimos resultados en las elecciones de constituyentes, gobernadores, alcaldes... Estaba claro que era necesario expandir a la coalición a nuevos horizontes, y esa era la principal visión de Sichel. Lo que este subestimó, es que el sector más conservador sería capaz de abandonar su candidatura para sumarse al--en su momento pequeño y sin posibilidades de triunfo--proyecto del exUDI José Antonio Kast, y que su efecto sería tal, que lo dejaría fuera de la segunda vuelta electoral.
Los debates y el inicio del fin
Pongamos en contexto las cifras: antes del primer debate, Kast había ganado terreno (superaba el 10%), pero estaba muy lejos de Sichel, quién prácticamente doblaba su intención de voto. La verdad es que bastó este debate para que Kast, en cuestión de días, se posicionara en segundo lugar. Nos deja claro que fue un enorme desastre, Sichel estuvo inseguro, y lo más importante, ausente. Fue Kast quién asumió el enfrentamiento directo con la izquierda (liderada por Boric) lo que dejó relegado al candidato de ChileVamos. No solo fue eso, el candidato Kast hizo, en general, un muy buen debate (y así lo aceptan gran parte de los analistas).
El efecto de las encuestas no solamente aceleraría el éxodo de votantes, sino que sacaba a relucir la debilidad de la coalición: iniciaban los primeros descuelgues. Muchos por convicciones ideológicas (esperaban ansiosos la caída de este, ya que su verdadero representante era Kast) y otros por oportunismo político (debían aprovechar la ola del momento para asegurar sus puestos). El segundo debate no fue muy diferente, y solo consolidó el liderazgo de Kast. En medio de todas las "traiciones", Sichel realiza un conocido anuncio (transmitido en cadena nacional) donde--molesto y desesperado--daba "libertad de acción" a la coalición para irse o quedarse. Para muchos, fue aceptar una derrota por adelantado. Lo cierto es que los descuelgues continuaron, todos hacia Kast.
Sichel se equivoca de adversario
A un mes de las elecciones y con una derrota casi segura, Sichel decide centrar sus ataques no al verdadero adversario (Gabriel Boric) sino a José Antonio Kast. Las críticas abarcan desde el programa económico, las libertades, su concepción social... Fue muy atacado por ello por hasta su misma base de votantes. El tercer debate presidencial dejaría esto en evidencia. Señalados por mucho como "arreglado" para dañar en lo posible a Kast, destacó por tener a un Sichel mucho más sólido, pero también agresivo. A pesar de su relativamente buen desempeño, no le alcanzó: las elecciones estaban a una semana, y no sumaría una importante cantidad de puntos. Conocidos los resultados de la elección presidencial, Sichel daría un paso al costado, y se retiraría--parcialmente--de la política, sin apoyar a Kast, pero dejando claro que no votaría por Boric en segunda vuelta.
Conclusiones
Con todo lo que hemos analizado, debemos hacernos una gran pregunta: ¿debió Sichel, tan siquiera, ser candidato de ChileVamos? Todo apunta a que no, Fue una alianza forzada, tal vez con buenas intenciones, pero que por ego (de ambas partes) no se explotó ni mucho menos se vieron sus frutos, Lo único destacable es que la coalición obtendría un correcto resultado en las elecciones parlamentarias.
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