Guillermo Lasso: ¿la derecha que Latinoamérica reclamaba?
Cuando se cumplen 75 días de la gestión del presidente Guillermo Lasso, a pesar de ser demasiado pronto como para sacar conclusiones, hemos notado cambios positivos en Ecuador. Los datos hablan por sí solos: cerca de un 70% de la ciudadanía respalda su gestión, y, si bien es cierto que todo presidente tiene su luna de miel, es de las más altas registradas en la historia de la nación. Todo apunta a que su propuesta estrella (9 000 000 de totalmente vacunados en los primeros 100 días de gobierno) tiene posibilidades serias de cumplirse, lo que a la larga estimulará la reactivación económica y, por supuesto, mejorará la credibilidad del gobierno. Credibilidad que --urgentemente-- necesita, si pretende que la consulta popular propuesta (fundamental para realizar cambios profundos en el país) tenga un fuerte respaldo a su favor. Pero ese es un tema aparte del cual realmente quiero tocar en este breve blog, y es sobre la polémica de la derecha latinoamericana.
Las críticas llueven desde todos los bandos y sectores. Veámoslo de manera más sencilla. Por un lado tenemos a la derecha más conservadora representada por personajes como Jair Bolsonaro, Donald Trump, Uribe, Rafael López Aliaga (si se desea incluir), entre otros. Esta es generalmente criticada por la centroderecha e izquierda (incluyendo moderados) por poseer un tono autoritario, políticamente incorrecto y populista. Por el otro lado, tenemos a una derecha más "liberal" o moderada (básicamente la centroderecha), que incluye figuras como Sebastián Piñera, Iván Duque o Mauricio Macri, que son criticadas por la derecha fuerte, al considerarlos tibios, complacientes e indignos representantes de los sectores conservadores (en algunos casos). Y si de mi opinión personal se tratase, ambos tienen razón: pues sí, la derecha fuerte tiende ser más populista y hasta autoritaria (en realidad solo en las palabras, pues pocas veces vemos acciones), pero esta es la que, en un contexto en donde el otro bando te considera enemigo, está mejor preparada para afrontar un eventual gobierno. En resumen: populismo, pero legítimo, pues no puedes gozar de tan buena fe como aquella centroderecha si pretendes, realmente, vencer al bando contrario.
Pero, ¿por qué traigo a Guillermo Lasso en esta discusión? Pues porque parece ser, hasta el momento, un punto de equilibrio entre las derechas fuertes y blandas. Guillermo Lasso no ganó las elecciones con la comodidad de Duque o Piñera, ni con la facilidad de Bolsonaro. Recordemos que Lasso enfrentó una segunda vuelta sumamente complicada, con una remontada histórica, cuyo análisis amerita un blog aparte. Su victoria electoral tuvo; sin embargo, un alto costo, y es una transformación importante de sus ideas y creencias. Seguramente muchos recordarán cuando, en el inicio de la campaña cara a la segunda vuelta, Lasso apareció vestido de la noche a la mañana con un traje informal de tonos rosados y femeninos, lo cual, aparte de ser forzado y alejado a su formalidad, incluso llegaba al ridículo; o cuando pasó de oponerse férreamente al aborto (amenazando incluso con derogar cualquier ley que lo permitiera en caso de violación) a una postura sorprendentemente neutral, por nombrar unos ejemplos. Todo candidato está obligado a moderar sus posturas en el balotaje, pero lo visto con Lasso básicamente nos indicaba que probablemente sería otro presidente moderado más, y no fiel representante de la derecha (y sería injusto criticarlo por ello a plenitud, pues simplemente se adaptó a su ambiente); sin embargo, diversos hechos señalan que Guillermo Lasso es un hombre convencido y firme.
Ni siquiera había tomado posesión como presidente cuando rompió la alianza electoral que conformó junto al PSC (Partido Social Cristiano, liderado por el veterano Jaime Nebot), debido a negociaciones que esta organización establecía con la bancada correísta UNES, para lograr la presidencia de la Asamblea y gobernabilidad a cambio de favores políticos en pro del correísmo. Lasso pudo haberse asegurado meses de gobernabilidad, pero esto iría contra su propuesta original, y tuvo la osadía de quedarse con tan solo los 12 diputados que obtuvo el partido que lidera (CREO). Otras demostraciones de su firmeza las vemos en sus duras declaraciones contra la CONAIE, una organización indígena del Ecuador, a la que advierte que no tendrá reparos en aplicar la ley en caso de que generen disturbios; así como otros comentarios variados. Las palabras se las lleva el viento, eso está claro, pero estamos viendo --por el momento-- a un hombre que si bien es abierto, mantiene una firmeza que pocos veíamos venir por el complicado contexto con el cual llegaba al poder. Tocará ver, más adelante, si esto se reafirma.
Para concluir: ¿por qué Lasso es ese punto intermedio? Porque si bien no entra en populismo ni mucho menos en lo políticamente incorrecto, no ha permitido que eso lo convierta en una figura manipulable ni blanda. Esperemos que este análisis --tal vez adelantado-- mantenga vigencia y Lasso pueda continuar su mandato como un hombre de consensos (pues los necesita frente a un legislativo fragmentado) pero de fuertes convicciones, que defienda lo votado el 11 de abril; para convertirse, así, en un representante de la derecha ideal: aquel equilibrio entre los blandos y fuertes, que sería capaz de unificar al sector y sumar adhesiones.
Y tú, ¿qué opinas? Espero tus comentarios. Gracias por leer este blog, recuerda que puedes suscribirte mediante este enlace, para mantenerte informado de las novedades. Hasta luego.

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